Laureano Brizuela no dio un concierto, dio una lección de vida
- Gigi G. Salazar

- hace 2 días
- 4 min de lectura
Por Gigi Salazar | Fotografías: Edgar Palacios | Revista Espejos | Cobertura Especial
CIUDAD DE MÉXICO, 28 DE AGOSTO DE 2026.

El Laureano Brizuela concierto fue una noche inolvidable... Hay artistas que cantan canciones. Y hay artistas que cantan vidas. Laureano Brizuela pertenece, indiscutiblemente, a los segundos. El viernes pasado, a las 21:30 horas, el Centro de Entretenimiento La Maraka — ese refugio íntimo de la colonia Narvarte donde el artista y el público respiran el mismo aire — se apagó por completo. Por un segundo hubo silencio. Luego, un acorde. Y después, el estallido. Apareció él. Cuero negro, estoperoles plateados que capturaban cada luz, botas de brillo, lentes oscuros impenetrables y esa melena rizada, salvaje, que se niega a obedecer al tiempo. Laureano Brizuela, El Ángel del Rock, había vuelto. La fotografía principal de esta crónica, obra de Edgar Palacios, inmortalizó ese instante preciso en que la leyenda tocó tierra de nuevo.

Yo estuve ahí, haciendo la cobertura para Revista Espejos, y puedo decirlo sin hipérbole: fue una noche de comunión.
I. EL RITUAL DE LA NOSTALGIA

La Maraka estaba llena. No llena por vender boletos — que se vendieron, desde General hasta el VIP Oro — llena de historias. Vi a parejas de sesenta años tomados de la mano, a mujeres de cuarenta que vinieron con sus hijas de veinte, a hombres que cerraron los ojos para volver a 1988. Y Laureano lo sabía.
No abrió con un hit. Abrió con el corazón. El setlist fue una autobiografía cantada. Sonó “Sueños Compartidos” y La Maraka se convirtió en un susurro colectivo. Sonó “Amándote” y vi lágrimas. Sonó “Enamorándonos” y todos — absolutamente todos — levantamos el celular no para grabar, sino para alumbrar.

Como en los viejos tiempos. Cada canción era una confesión. “Solo”, “Porque Te Quiero Tanto”, “Viento del Sur”. Y cuando llegó “Cuando Seas Grande”, el himno generacional por excelencia, las 1,700 gargantas de La Maraka cantaron más fuerte que el propio sonido. No era un coro. Era una declaración de principios.
II. EL PRESENTE MÁS VIVO QUE NUNCA

Sería fácil para un ícono de los 80 vivir de sus glorias. Laureano hace exactamente lo contrario.En 2007, tras llenar estadios por toda América Latina, decidió parar. 18 años de silencio para reencontrarse, para sanar, para entender qué quería decir. Volvió transformado, con el título de Doctor Honoris Causa otorgado por el Senado de México en 2015 por su labor humanitaria y defensa de los Derechos Humanos, y con una frase que repite como mantra y que esa noche lanzó desde el escenario de La Maraka:
“Los médicos salvan vidas, nosotros salvamos espíritus”. Y vaya que salvó espíritus este viernes. Presentó su nuevo álbum, Espíritu Profundo, lanzado a finales de 2025 bajo el sello Consecuencias / Altafonte.

Un disco donde reversiona sus clásicos con una madurez bluesera y donde se atreve a lo nuevo. El clímax de la noche no fue un éxito del pasado. Fue una canción del futuro. “La Mitad de un Corazón”, su dueto con Alex Lora. En el escenario de La Maraka, Laureano contó la historia: le mandó la maqueta a Lora, sin expectativas. A los pocos días, Lora le devolvió la canción con su voz rasgada, icónica, llena de calle. El resultado es un blues-rock crudo, honesto, que habla de la pérdida y de la mitad que nos falta. El tema ya compite para la nominación al Grammy en la categoría de rock, y en vivo es devastador.
III. EL PADRINO
Pocos en la sala sabían — o recordaban — que ese hombre de cuero negro es el padrino del rock mexicano. Fue Laureano Brizuela quien en los 80 le abrió la puerta a Kerigma. Fue en su banda donde tocaron por primera vez como músicos de apoyo tres jóvenes desconocidos llamados Saúl Hernández, Alejandro Marcovich y Alfonso André antes de convertirse en Caifanes. Fue el primer solista argentino en llenar estadios en México cuando el rock en español aún era una utopía.

Verlo hoy, a sus plenos, tan cercano, tan generoso, explica por qué su leyenda no envejece. Evoluciona. Salí de La Maraka a las 23:30 horas con la voz rota, los zapatos llenos de confeti y la memoria del celular llena de fotos de Edgar Palacios que ahora les comparto en esta galería exclusiva para Revista Espejos.

Laureano Brizuela no dio un concierto. Nos dio una misa. Y nos recordó que, aunque el mundo se caiga, siempre podemos volver a enamorarnos, a soñar compartido y a creer que cuando seamos grandes, todo va a estar bien.
El Ángel no cayó. Aprendió a volar más bajo, para estar más cerca de nosotros.
Cobertura y crónica: Gigi Salazar / Prensa y RPs
Fotografía fija: Edgar Palacios
Lugar: Centro de Entretenimiento La Maraka, CDMX
Fecha: Viernes 28 de agosto de 2026
Agradecimientos: La Maraka y Claudia Klemente



Me encanta el ángel del rock