La Carrera Motonáutica 50 Leguas del Grijalva: Villahermosa regresó a su río.
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Por Gigi Salazar / Revista Espejos
Villahermosa, Tabasco - 16 de agosto de 2026
La Carrera Motonáutica 50 Leguas del Grijalva se corrió este domingo en Villahermosa.
50 Leguas del Grijalva 2025: La Gran Carrera Motonáutica “50 Leguas del Grijalva” volvió en 2025 después de más de 30-40 años de no hacerse. Se corrió el 23 y 24 de agosto 2025.
La idea: Rescatar una tradición que nació en 1978 con el Club Náutico de Tabasco y que se hacía en feria. La organizó el Gobierno de Tabasco con el Club Coindras y aval de la Federación Mexicana de Motonáutica.
El recorrido: Villahermosa a Frontera y de regreso. Más de 200 km en total, 105 km por etapa. Las motos acuáticas corrieron en un circuito de 1200 metros en el malecón.
Quiénes corrieron: Más de 50 pilotos de 10 estados, con 7 turbinas, 38 motos acuáticas y 12 fuera de borda. El arranque: El gobernador Javier May dio el banderazo en el malecón de Villahermosa. Querían poner a Tabasco como destino de turismo de aventura.
El resultado: Hubo festival “Ritmos y Sabores del Grijalva” con 150 expositores, 22,500 visitantes y derrama de 11.6 millones de pesos
Familias enteras regresaron a los malecones de Villahermosa para vivir el regreso de las 50 Leguas del Grijalva. No fue solo una carrera, fue el reencuentro de un pueblo con su río.
Hay ríos que se miran de lejos. Y hay ríos que se viven. Este domingo, el Grijalva se volvió a vivir.
Desde muy temprano, el malecón Leandro Rovirosa Wade, en Gaviotas, dejó de ser una avenida para convertirse en lo que siempre fue: un balcón, un patio, una sala familiar a cielo abierto.
La postal era perfecta y profundamente tabasqueña.


Arriba de una pequeña embarcación, de esas que entre semana sirven para pescar y cargar leña, viajaba la familia Reyes completa. La abuela, al frente, custodiando a los nietos más pequeños. Los mayorcitos, ya con la navegación en la sangre. El abuelo al timón. Salieron del río Carrizal, a la altura de la Asunción Castellanos, y media hora después atracaron bajo el puente de La Esmeralda del Sureste. No venían a competir. Venían a pertenecer.

“Mis nietecitos estaban desde la mañana tercos, salían a la orilla del río y veían la lancha y me rogaban que los trajera”, nos contó el capitán, con los pies ya en tierra y la sonrisa de quien sabe que ha cumplido.
Esa escena se repitió a lo largo del río.

A un lado, sobre el pasto del malecón, decenas de familias habían tomado su lugar. Sin prisa. Bajo la sombra de los árboles, con el fresco del río pegándoles en la cara. Esperando la estampida. El instante en que el agua deja de ser tranquila y se convierte en espectáculo.

Doña Carmen y su familia lo vivieron completo. Desde el banderazo hasta el rugido final.

Y es que eso fue la Gran Carrera Motonáutica “50 Leguas del Grijalva”:
Un estruendo elegante. Bólidos de colores —el 390 rojo que corta el agua como un bisturí, el 372 azul que parece volar, el morado con llamas amarillas— levantando cortinas de agua blanca sobre el verde domesticado del río que busca el Golfo.


Y el Grijalva, imponente, les respondió rugiendo.
Gigi Salazar
Revista Espejos
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